lunes, 15 de julio de 2019

Capítulo 7

Lidia y su amiga Marta bailaron y se divirtieron hasta altas horas de la madrugada. El tiempo se les pasó volando y no se dieron cuenta de la hora que era.


Pero al llegar a casa la esperaba su madre en pie de guerra y acompañada tanto de Sergio como de su cuñado Iván.
- Lidia, ¿qué horas son estas de llegar? ¿Me lo quieres decir?

- Se nos ha pasado el tiempo volando, no nos hemos dado cuenta. No tiene importancia.


- ¿Que no tiene importancia dices? Pues claro que la tiene. Te llamé y te dije que no te retrasaras; mañana tienes clase, ¿lo habías olvidado?


- Si quieres rendir en clase no te puedes acostar a estas horas Lidia, - le aconsejó su padrastro.


- ¿Y quién coño eres tú para meterte en lo que no te importa?, - le dijo bruscamente, - yo no soy tu hija, así que ocúpate de tu niño y déjame a mí en paz.


- ¿Pero qué lenguaje es ese Lidia? Sergio es mi marido; ¿crees que puedes hablarle de esa forma  e irte de rositas?


- No sé qué quieres decir con eso.

- Quiero decir que estás castigada sin salir durante un mes, por llegar tarde y por la forma en que le has hablado a Sergio.


- ¿En serio crees que me voy a tirar todo un mes de aquí al instituto y del instituto aquí, sin ir a ningún sitio con mi amiga?

- Exacto.  No has podido describirlo mejor, - repuso su madre.


- ¡Tú estás loca! No pienso hacer eso ni de coña.


- Sí que lo harás jovencita. Soy tu madre y tú eres menor de edad. Estás en mi casa y me obedecerás, ¿entendido? Y como sigas insistiendo no será un mes, sino dos, ¿me has oído?


Lidia no contestó, se quedó en silencio porque no le salían las palabras. Entonces Sergio y su madre se fueron escaleras arriba camino de su dormitorio. Solo quedó Iván allí, viendo a la pareja alejarse.


- Menuda bronca ¿eh?, - le dijo él acercándosele, - Ya hace tanto tiempo desde la última que me dieron a mí que ya prácticamente se me había olvidado lo mal que se pasa.
- Pues si…

- ¿Y qué vas a hacer?


- ¿Tú que crees? Pues fastidiarme y obedecer, no me queda otra, - dijo seria y resignada.


- No tienes por qué Lidia. Yo tengo una solución muy sencilla y que de seguro te resultará… muy satisfactoria.


- ¿De qué hablas?, - preguntó ella no muy segura de querer saber la respuesta.

- Es muy fácil preciosa, si tú eres muy… amable y cariñosa conmigo, yo te ayudaré a salir de noche y no me chivaré.


- ¿Estás diciendo lo que yo creo?, - el rostro de Lidia cambió y se descompuso.


- Vamos a ver, me imagino que eres virgen, y si no lo eres mejor, pero… ¿no te parece un buen trato el poder salir a donde te dé la gana y de paso abrirte de piernas con alguien que te va a llevar a las estrellas?


- Ya me imaginaba yo que tú no harías nada por el amor al arte, - dijo pensativa.


- No voy a hacerlo por eso, sino porque creo que debes tener libertad para salir y entrar, porque me gustas mucho y… porque quiero follarme ese coño tuyo que debe de estar riquísimo. Si te entregas a mí, te prometo que te lo pasarás de puta madre y no te arrepentirás, te lo juro.


Continuará

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