jueves, 25 de julio de 2019

Capítulo 11


Antes de ni siquiera plantearse en decírselo a más nadie, Lidia fue en busca de Iván para comunicarle la noticia.
- Iván, tengo que hablar contigo.
Él le cogió ambas manos y le sonrió.
- Dime guapísima.
- Yo… resulta que el mes pasado no me vino la regla, y lo atribuí a mil cosas, pero este mes… al final he comprado un test de embarazo y… estoy embarazada. Vamos a tener un hijo.



- ¿Me estás hablando en serio?
- Claro, por supuesto.
-Esos chismes a lo mejor fallan y…
- No Iván, no ha fallado. Ya… he comenzado a sentir nauseas algunas mañanas. Sé que estoy embarazada así que tenemos que hacer planes.
- ¿Y por qué me incluyes a mí?
Lidia se quedó sorprendida de que le hiciera aquella pregunta.

- ¿De verdad necesitas hacerme esa pregunta?, - le dijo ella, - llevamos acostándonos un tiempo, este embarazo es tuyo, por eso te he dicho que tenemos que hacer planes de futuro Iván.


- ¿Dices que ese embarazo es mío? ¿Y quién me lo garantiza Lidia? Lo mismo que te has abierto de piernas para mí lo has podido hacer con un regimiento de tíos.


- No puedes estar hablando en serio. Acabo de enterarme de que espero un hijo y tú sabes perfectamente que es tuyo, que no me he ido acostando por ahí con unos y con otros. Yo no soy así Iván.


- A ti no te importó en absoluto abrirte de piernas para mí y que te desvirgara con tal de desobedecer a tu madre y salir de marcha. Eres una zorra, una puta que disfrutaba cada vez que te la metía, pero ahora no me hagas responsable de ese crío que vas a tener porque puede ser de cualquiera. Además, no soporto a los niños y no quiero saber nada de ellos.


- Iván, no puedes estar hablando en serio, no me puedes dejar sola con todo esto ahora, se lo tenemos que decir a mi madre y a Sergio. Tu sabes que este bebé en tuyo. No me dejes así, - le insistió sin poder terminarse de creer que aquello le estuviera sucediendo.


- Ya te he dejado Lidia. Ese niño es muy probable que no sea mío, así que no cuentes conmigo para nada ¿me oyes?
Y dando media vuelta salió de la habitación.

- Maldito desgraciado…, - murmuró Lidia viéndolo de ir.


Con una mezcla de incredulidad, rabia y pena a un mismo tiempo, Lidia fue consciente de que no tenía más remedio que decirle a su madre lo del embarazo. Su barriga engordaría y pronto se daría cuenta todo el mundo, así que, sabiendo que no tendría el apoyo del cerdo de Iván, no tenía más remedio que decírselo a su progenitora.


Armándose de valor le dijo a su madre que tenía que hablar con ella. El propio Iván que estaba allí, la miró dándole a entender que a él no lo nombrara para nada y no lo incluyera en aquel tema. Parecía mentira que se comportara así.


- ¿Qué pasa nena?, - le preguntó su madre.
- Esto… resulta que…
- ¿Qué? Habla de una vez.

- Mamá, estoy embarazada.


- ¡¡No me lo puedo creer!! ¿Con quién te has estado acostando, eh? ¡¡Eres una cría y estás estudiando!! ¿Es que no tienes cabeza?


- Yo… no esperaba esto, ha sido una sorpresa para mí.
- ¿Y quién demonios es el padre de la criatura?
Lidia no miró a Iván. ¿Para qué? Él le había dicho ya que no contara con él para nada.
- Eso… no importa…
- ¿Cómo que no importa? Pues claro que sí, él debería de dar la cara y estar aquí contigo ¿no crees?
Los ojos de Lidia se humedecieron.
- Ha pasado de ti ¿no es así?

- ¡¡Déjame!!, no quiero hablar de ello ¿vale?


- Muy bien, vas a tener a ese crío y luego te mandaré a un colegio interna, ¿me has oído? Y te aseguro que allí son mucho más estrictos que yo. ¡Se acabaron las salidas y los rollos!


- Lo siento mamá pero… no pienso ir a un colegio interna. Aún no he decidido qué voy a hacer respecto al… bebé, y en todo caso no quiero estar encerrada en un sitio como si fuera una cárcel o un correccional.


- El crío se quedará aquí con nosotros y tú irás a donde te he dicho, ¿me has entendido?, - Cecilia la miró muy enfadada.


- Lo siento mamá pero esta vez no; prefiero irme de casa, - dijo avanzando hacia la puerta.
- ¡¡¡Lidia ven aquí!!!, - le gritó.
- Adiós mamá.

Y entonces salió.


Lidia caminó durante un rato, sin rumbo fijo, y al final se sentó en un banco. A estas alturas tenía una mezcla de sentimientos, pero uno de ellos es que estaba cabreada; su madre no le había preguntado siquiera cómo se encontraba, cómo se sentía, no había sentido ni siquiera su apoyo, incluso cuando se dio cuenta de que el padre de la criatura no iba a estar a su lado. Y en cuanto a Iván, el cabrón no había dicho ni una sola palabra, nada en absoluto, ni para ayudarla y mucho menos para reconocer que aquel problema también le atañía a él.


Durante un rato se quedó allí sentada, pensando en aquella nueva situación, en aquel problemón que no sabía cómo iba a solucionar. 


Unas repentinas nauseas le recordaron que ya no estaba sola, que había una criatura en camino y que no sabía qué iba a hacer con ese bebé.


Por primera vez en su vida no tenía a nadie, estaba en la calle, no sabía qué iba a hacer con el crío ni qué iba a ser de su vida.


Entonces recordó a su padre; si él estuviera aquí todo sería muy distinto. Para empezar ella no se habría ido a vivir con su madre y en consecuencia no habría conocido a Iván, así que no habría embarazo ninguno, pero en todo caso, ella sabía que, con lo que le gustaban a su padre los niños, lo habría acogido con los brazos abiertos y ella se habría sentido muy arropada por él. 


Maldito accidente, maldito Iván y maldito destino el suyo.

Mientras se echaba a descansar en el banco, las lágrimas inundaron sus ojos.


Continuará

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