viernes, 30 de octubre de 2020

Capítulo 14

 Virginia y Abel entraron en el cuarto y continuaron besándose como locos en medio de caricias audaces e insaciables, y cálidas confesiones.

Todo era tan dulce y envolvente, él era tan tierno y apasionado, que Virginia supo que aquella sería realmente para ella, la primera vez que haría el amor.

Virginia se acostó en la cama, y él se echó sobre su cuerpo. Entonces sus ojos cargados de deseo la miraron.

- Cielo, ¿estás segura de que quieres hacer el amor conmigo? Aún estás a tiempo, - le dijo él.

- No Abel, ya es tarde, ya me he entregado a ti, mi corazón es tuyo, y me muero por… fundirme contigo.

- Ah, mi vida, esto… es un sueño hecho realidad. Yo también estoy loco por… hacerlo contigo. Soy tuyo mi amor, tuyo desde siempre…


Con una delicadeza infinita, Abel la penetró, se adentró en las cálidas profundidades y comenzó a mover sus caderas.

- ¿Te hago daño? – quiso saber él.

Los ojos de Virginia se humedecieron.

- Que va Abel, para nada. Tú… no sabes lo que es hacer daño.

- ¿Él… te lo hace?

- Sí, me insulta, me pega y…

- Olvida mi amor, él no está, no existe, solo estamos tú y yo.


El duro miembro embestía adentrándose en ella una y otra vez, sin descanso, y entonces un placer hasta ahora desconocido, comenzó a extenderse por su cuerpo.


Virginia, sin poder contenerse, comenzó a gemir desinhibida.

- ¿Te gusta? – Abel la besaba y a la vez la miraba con ojos acariciadores.

- Oh sí… no sé qué me haces pero… me encanta.

- Voy a volverte loca de gusto, hasta que digas que te mueres por mí, que me quieres.

- Sí mi amor, sí… te… te quiero.


- Yo también mi vida, te adoro, te amo…

Mientras él se empezaba a mover a un ritmo vertiginoso, ambos se besaron enardecidos y gimieron a causa del profundo placer que sentían.

Eran el uno del otro, se pertenecían tal vez desde siempre, y ninguno de los dos deseaba alejarse de los brazos del otro.


Cuando ambos por fin terminaron, se cobijaron debajo de las sábanas y la colcha.

- Abel, mi vida, jamás pensé… que hacer el amor sería tan… maravilloso.

- ¿Te ha gustado? ¿Te he hecho feliz?

- Muchísimo. Ah, Dios mío, no… quisiera perderte en la vida.

- ¿Hablas en serio?

- Sí, completamente. Ya sé que estoy loca pero…

- Si tú estás loca yo también, - le susurró él bajito, - por ti vida mía. ¿Nos dormimos?

Muy abrazados el uno al otro, se entregaron al sueño. 


Era cerca del mediodía cuando Virginia y Abel se levantaron.

- Qué bien he dormido cariño, - le dijo ella sonriente, - ¿y tú?

- Genial, y más después de hacer el amor contigo.


- Tenemos que pensar en lo que vamos a hacer, - añadió el más serio, - yo llamé al bufete ayer y pedí dos o tres días, pero luego tengo que volver. Tu relación con…

- Por mí ya está terminada. No lo quiero Abel, y ya le he dicho en varias ocasiones que quiero dejarlo, pero siempre me amenaza con darme palizas.

- Menudo hijo de puta… No, no puedes seguir con él.

- ¿Y… tú? – preguntó Virginia sin atreverse, pero necesitaba indagar y saber qué iba a hacer con su novia.

- Ayer mi pareja me estuvo llamando y no le contesté. Tengo que hablar con ella.

- Abel, - dijo mientras sentía que se le formaba un nudo en la garganta, - si quieres estar con ella me haré a un lado y…


Pero él no la dejó terminar la frase. La envolvió entre sus brazos estrechándola contra sí.

- Es que te amo y quiero estar contigo, - susurró en su oído, - no quiero perderte ni separarme de ti.

- Yo tampoco mi vida, nunca…


Entonces él, feliz e impulsivo, la echó hacia atrás y comenzó a besar su boca apasionadamente.

Pero justamente en ese momento su móvil sonó interrumpiéndolos.


Al ver que se trataba de su novia, Abel se metió en el dormitorio y, tras respirar profundamente como si quisiera coger fuerzas, contestó.


- Hola nena, buenas tardes ya.

- Vaya, - se oyó a través del teléfono, - menos mal que me lo coges hoy. Ayer te llamé varias veces y nada. ¿Dónde te has metido?


- Es que ha habido un problema muy gordo.

- ¿Tuyo?

- No, mío no, de Virginia.

- ¿Otra vez ella? – se escuchó la crispada voz femenina.


- Sí, otra vez. ¿Te acuerdas que mi hermana y yo íbamos a acompañar a mi madre al hospital para que le hicieran unos análisis?

- Sí claro.

- Pues me encontré a Virginia allí.

- Vaya, qué casualidad.

Abel pensó que tal vez cuando le contara el motivo por el que Virginia fue al hospital, dejaría de ser irónica y crítica.

- Escucha, Virginia se había quedado embarazada ¿sabes? Pero como su novio la maltrata, le da palizas, pues empezó a perder al crío, habría sido muy difícil que se salvara, y al final le tuvieron que practicar un aborto.

- Ah, joder…


- Como comprenderás tenía que hacer algo para librarla de ese monstruo, así que me la he traído a la casa de la playa. Aquí no la encontrará.

- ¿Y estás ahí con ella?

- Sí.

- ¿Los dos solos?

Él suspiró.

-Si claro.

- Pero vamos a ver Abel, ¿tú por qué tienes que meterte en camisas de once varas? Ella no es nada tuyo, tú tienes tu vida y me tienes a mí y…

- Lo siento pero… tenemos que hablar.

Había soltado la famosa y temida frase, no había tenido más remedio.

Se hizo un silencio tenso e incómodo.

- ¿Estás tratando de decir lo que me imagino, Abel? – dijo ella con voz insegura.

- Ya hablaremos nena. Esto… no se puede hacer por teléfono.

De nuevo se hizo el silencio.

- Muy bien, pues entonces hasta cuando tú quieras. Adiós.


La comunicación se cortó sin darle tiempo a él a despedirse ni decir más nada.

Por un momento se quedó mirando la pantalla del móvil.

El día anterior había marcado un antes y un después en su vida, y él no podía conseguir su sueño, tocar las estrellas, y después seguir fingiendo que quería a una mujer que no lo encendía, no lo alteraba ni en realidad amaba como se debía de amar. Él le tenía mucho cariño, pero lo que sentía por Virginia era otra historia, no se podía comparar.


Berta Shao Lee, la antigua compañera y amiga de Virginia y actual novia de Abel, se quedó pensativa tras cortar la comunicación.


De modo que él quería hablar, o sea, dejarla. Estaba segura de ello porque aquella frase es la típica que se dice cuando las cosas no van bien y se quiere cortar una relación.


Ya hacía algo más de dos meses que las relaciones entre ellos se habían enfriado, bueno, más bien Abel, porque ella seguía siendo la misma, pero él desde que desgraciadamente se la volvió a encontrar en la FrikiCon, ya no había vuelto a ser el mismo.


Y ahora, años después de haberlo despreciado se lo iba a llevar, se lo iba a quitar a ella, ¿no es así?

Pues no pensaba quedarse cruzada de brazos. Iba a luchar por lo que era suyo, por lo que llevaba años tratando de mantener. Durante mucho tiempo la imagen de Virginia no se había apartado de Abel, y a ella le había costado hacerlo olvidar, ¿y ahora por culpa de ella se iba a ir todo al traste? ¿Iba a perder a su novio?

Con una clara idea de lo que pensaba hacer, Berta decidió pasar a la acción.

Las cosas no se iban a quedar así, ni mucho menos.



Continuará