domingo, 24 de mayo de 2015

Capítulo 13

- El futbolín no es lo mío Lara, ya lo sabes.

- Tampoco es mi juego favorito, pero echaremos el rato. Anda, anímate.


- Bueno, cuéntame lo que pasó con el cerdo de Germán, - le pidió Elena.


- No sabes el susto que pasé. El tío abrió la cerradura de la puerta de un chalet y entró como si nada.


- A robar ¿no?
- Si. Se llevó una tele de plasma, un ordenador, y no se cuanto dinero del cajón de la cómoda. Quería que lo ayudara a cargar las cosas en su coche.


- No lo harías ¿verdad?
- ¿Estás loca? Jamás he robado nada ni ayudado a hacerlo. Estaba muerta de miedo.


- Cuando escuchó la sirena del coche de policía, - siguió relatando Lara, - Germán se largó y me dejó allí tirada, pero cuando estaba hablando con el policía, apareció Kalean.


- Ese hombre es de los que hay que tener cerca en casos de apuro, - dijo Elena.


- En los casos de apuro y en los que no, también. No sabes lo bueno que está, - soltó Lara espontánea.
Elena rió.


- Nos abrazamos ¿sabes? - continuó, - me dijo que no lo perdería, que siempre cuidaría de mi y... y que estaba preciosa.


- Entonces ya no te da miedo ni te importa que sea un vampiro ¿no?
- No Elena, el... es muy especial.
- Debiste hacerle caso cuando te dijo que no salieras con ese Germán.
- Ya lo se, y lo siento. A partir de ahora le haré caso. Se lo he prometido.
- Anda, vámonos a otro sitio. Los futbolines me aburren.


Momentos después iban a la planta superior de una discoteca. Allí había toda clase de juegos, un karaoke e incluso el toro mecánico.


- ¿Has jugado alguna vez al capitán planeta? - le preguntó Elena.
- Creo que no.
- Pues entonces voy a arrasar pequeña.


- ¿Pequeña de que? Te llevo dos meses.
- Tu atenta que te los voy a matar todos. ¡Toma!


- ¡Pues toma tu! ¡Bien! Te di.
- Serás capulla...


Mientras jugaban, sin darse ellas cuenta, una mujer se había ido acercando a donde ellas estaban. Entonces se detuvo junto a Lara.


- ¿Lara Montenegro? - le preguntó aquella mujer.
- Si.
- ¿Es usted Lara, la hija de Emma  y Sam Montenegro?
- Si claro, ¿que pasa?


- Emma se ha puesto malísima, no se que le ha dado, - dijo aquella mujer con expresión triste y preocupada. - Yo soy amiga suya, por eso he venido a buscarla.


- ¿En serio? Oh Dios, espero que no sea nada grave.
- Ven conmigo. Iremos rápidamente en su busca.
- Vale. Lo siento Elena, - le dijo a su amiga antes de marchar.
- No te preocupes. Espero que no sea nada.


Momentos después la mujer daba la vuelta y la guiaba hacia la salida.


- ¿Donde está mi madre? ¿y como vamos a llegar? - quiso saber Lara.
- Mi coche está aparcado aquí cerca. Llegaremos en seguida.


Efectivamente, el coche estaba al lado de la disco. La expresión del rostro de aquella mujer había cambiado, pero inmersa en la preocupación, Lara no se dio cuenta.


- ¿Donde está mi madre? - volvió a preguntar ya dentro del coche.
- En el Red Rose. En seguida llegamos.


Huelga decir que Lara se había quedado casi sin habla al ver el cochecito que tenía la mujer; un Rolls-Royce Phantom color plateado nada menos, el cual avanzó raudo a través de las calles iluminadas por la luz de la luna.


Como la mujer le dijo que su madre estaba arriba, tras la segunda puerta, Lara corrió escaleras arriba y se le adelantó. Su madre sería lo que fuera pero no quería que le pasara nada.


Tras ella, aquella mujer entró en la habitación con expresión siniestra.


- ¿Que pasa? ¿donde está mi madre? - preguntó Lara desconcertada al no ver a nadie en el cuarto.
- ¿Tu madre? Debe de estar con un cliente.
- Pero...


- Y ahora tu, señorita Montenegro, vas a esperar aquí al tuyo, a tu primer cliente, ¿me has entendido?


- Pero de que habla, me dijo que mi madre estaba muy mal, por eso he venido aquí con usted. ¿De que cliente habla?


- ¡Del tuyo! ¡de tu primer cliente como puta!


- Y no me vengas con el cuento de que todavía crees en lo que te he dicho de tu madre. Eres demasiado ingenua jovencita.
- Yo... yo me voy de aquí, - dijo Lara con la intención de largarse.
Aquello no le gustaba nada en absoluto.


- ¡¡¡No vas a ir a ningún sitio!!! ¿me oyes? - le gritó la mujer casi fuera de sí, - en cuanto te mande al primer cliente y entre por esa puerta te vas a abrir de piernas ¿me entiendes?
- Pero...


- Como vuelva a oír una palabra de protesta te mando a los gorilas a que te den la mayor paliza de tu vida, ¿me oyes?


- S... si... si... tranquila, - dijo temblando de miedo.


- A partir de ahora llámame Madame Marlene. Yo soy tu jefa y cobraré lo que cada cliente te pague, y si te portas bien y... dejas a los clientes satisfechos, te daré una pequeña parte. Todo lo que tienes que hacer ahora es... abrirte de piernas y dejar que te follen, muy sencillo, así que no quiero una queja. ¡Ah! y no se te ocurra intentar huir porque los gorilas no te van a dejar.


Madame Marlene dio media vuelta y salió de la habitación cerrando la puerta tras ella.


Lara, temblando y con las lágrimas a punto de derramarse de sus ojos, se preguntó como diablos y por qué había llegado a aquella situación. Se sentía perdida y muerta de miedo...    


Continuará

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