lunes, 9 de mayo de 2016

Capítulo 6

- Alberto, ¿te puedes creer lo que ha pasado? – Lina se dirigió a él tras irse Eva, - después de lo que nos hizo esa puta asquerosa, se presenta aquí como si nada. ¡Es increíble!


- Ya, pero yo creo que no hacía falta ponerse como te has puesto ni insultarla ni amenazarla. Con que le hubieras dicho que no la queríamos aquí y que se largara, era suficiente, creo yo, - le dijo el melancólico y triste; el ver de nuevo a Eva le había removido todos los recuerdos, y no podía evitar pensar que, por culpa de que Iván salió corriendo tras aquella chica, su amor estaba muerto.


Alberto abandonó la fiesta y a sus compañeros de piso. Dio la vuelta a la casa y ya iba a entrar en ella cuando, sorpresivamente vio avanzar hacia el a un sonriente… ¿Iván?


Alberto creyó estar viendo visiones o una aparición celestial. ¿Cómo era aquello posible?

Lo estaba viendo con sus propios ojos avanzar hacia el con su irresistible sonrisa de siempre. Apenas podía creerlo y le daba la sensación de que aquella visión se desvanecería de un momento a otro.


Pero Iván en persona se acercó a él y ambos se abrazaron fuertemente.
- Iván, ¿eres… de verdad eres tú? – le dijo temblando.
- Si amor mío, estoy aquí contigo. Por fin…


Ninguno de los dos supo nunca cuánto tiempo estuvieron así, abrazados con fuerza, casi con ansiedad, acariciándose mutuamente como para asegurarse de que el otro en verdad estaba allí y era real.


Después, Iván y Alberto se separaron lo justo y se miraron con una emoción más allá de las palabras.
- Déjame verte, tocarte… - los dedos de Iván le recorrían el rostro, - llevo todo este tiempo soñando contigo y por fin estás aquí. Te he echado tantísimo de menos…


- Pues yo… jamás podré expresar lo mal que lo he pasado. Perderte fue… lo más duro de mi vida, - le dijo Alberto con lágrimas en los ojos. – Aún no puedo creer que tú… estés aquí. ¿Qué pasó Iván? ¿Cómo fue que te salvaste?


- Cuando perdí el control del coche y supe que me iba a estrellar, instintivamente abrí la puerta y salté en marcha. Me rompí… no sé cuántos huesos y me quedé hecho polvo. He estado todo este tiempo en el hospital echándote de menos y deseando recuperarme para volver a ti, mi vida… - Iván también estaba emocionado hasta las lágrimas.


- Jo, cuánto tiempo sin estar aquí.
Iván y Alberto habían entrado en casa para charlar más tranquilamente.
- ¿Echabas de menos esto? – le preguntó Alberto.


- Echaba de menos la casa, la gente, y hasta los estudios, pero sobre todo a ti cariño, -sonrió.


- Ahora que ya he vuelto, nada ni nadie nos impedirá estar juntos y recuperarnos el uno al otro para siempre.
No sabes cuánto te quiero, - susurró apasionado mientras le sonreía embobado.


Entonces Alberto se volvió de espaldas e intentó tragar el nudo que se le había formado en la garganta.
Decirle a Iván lo que ya tenía en mente iba a ser lo más duro de su vida, sobre todo después de la alegría de recuperarlo con vida.
- Esto… Iván, yo… no creo que sea una buena idea que tú y yo… volvamos a tener una relación.


- Pero… ¿de qué hablas? – le dijo desconcertado, - tu y yo llevábamos juntos desde los dieciséis años Alberto. Nos adoramos.
- Ya pero… tu eres muy ambicioso, estás dispuesto a hacer lo que sea por conseguir dinero, por vivir bien y yo… yo no soy así Iván. Yo solo quiero terminar mis estudios de económicas, encontrar un trabajo y compartir mi vida con alguien que solo esté conmigo, que me prefiera a mí y no le importe decírselo al mundo entero, alguien que no me cambie por otra persona por muy rica que ésta sea, ¿comprendes?
- Pero…
- Y ya sabemos que tú no eres así, -lo interrumpió.


La sonrisa de Iván había desaparecido de su rostro. Parecía que acababan de echarle un jarro de agua fría y jamás en toda su vida se hubiera esperado aquella respuesta de Alberto.
- Cuando salí disparado de mi coche lo pasé muy mal ¿sabes? He estado meses inmóvil en una cama, en un sillón, haciendo rehabilitación, medicándome y echándote terriblemente de menos. Y en todo este tiempo y a consecuencia de lo que me ha ocurrido, he llegado a la conclusión de que lo único que quiero en este mundo es a ti, Alberto, solo a ti. Tú eres mi vida y… mi único amor, para siempre.


El suspiró y le costó volver a hablar.
- Lo siento Iván pero… me cuesta creer que tú… hayas cambiado así y renuncies a todo lo que ambicionabas. Si quieres puedes volver a quedarte aquí como antes pero… lo nuestro no puede ser.


Continuará

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